Llevamos ya mucho tiempo hablando sobre la relación tan estrecha que existe entre estética y salud, aunque siempre suele relacionarse con la salud mental. Como que está mejor visto justificar los procedimientos estéticos desde el punto de vista de que nos hacen sentirnos mejor con nosotros mismos. Eso es verdad. También es verdad porque necesitamos que sea verdad. Todavía necesitamos tener una buena excusa para argumentar un cambio físico. Es curioso que el tamaño de la excusa debe incrementarse si hablamos de cirugía plástica y medicina estética, ya que para otros procesos hemos interiorizado la premisa de esa mejora psicológica como válida: tatuarse, teñirse el pelo, hacerse un piercing, hacer dieta o acudir al gimnasio de manera obsesiva, ponerse una ortodoncia o realizarse un blanqueamiento dental, resultan ya incuestionables en este sentido.
La realidad es que aún nos convertimos en duros jueces cuando escuchamos que alguien se ha sometido a algún procedimiento quirúrgico estético, o se ha hecho algún retoque con aguja de por medio. Se relaciona la plástica con el plástico, y el mito de los polioperados patrocinados por la marca Barbie o similar no han desaparecido. Pero, aunque los estereotipos son necesarios para entender y comprimir el mundo que nos rodea, la realidad es bien diferente. En Aurea Clinic, clínica de cirugía plástica y estética, queremos contarte tres casos de personas que mejoraron su salud por estética, por si sigues necesitando una “excusa” contundente:
Puedes conocer algunos casos más en nuestros vídeo-testimonios
- S. “Me ahogaba en mi antigua nariz”. Rinoplastia y Blefaroplastia
- AM. “Cuando el súperglue con el que me pegaba las orejas se me iba por el sudor, tenía que dejar a mis amigas en la discoteca y volver sola a casa”. Otoplastia
- R “Pasé 29 años sin quitarme la camiseta en la playa”. Ginecomastia


