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“Abril, abril, tu agua para otro, tu sol, para mí”.

Cuidar nuestra salud en todos los aspectos es una directriz importante que debemos llevar a cabo de manera global durante todo el año mediante hábitos y comportamientos que benefician nuestro bienestar físico y mental.

Sin embargo, hay ciertas rutinas en las que debemos incidir “por épocas”. La dieta tras los excesos en invierno, en que las fiestas navideñas y mal tiempo no nos permiten hacer toda la actividad física que quisiéramos y la protección de la piel en verano ante exposiciones solares prolongadas y alergias. En el sur de España, entre los meses de marzo y septiembre, nuestra piel va a estar expuesta a ciertos factores físicos-externos que van a hacer que sea más sensible: el calor provoca desecación, las radiaciones solares pueden hacer daños permanentes en el ADN de las células y el viento cuando lo haya que también contribuye a la vulnerabilidad de la piel.

Fundamental: que mantengamos una buena alimentación y una buena hidratación para mantenerla en condiciones óptimas, pero, ¿y qué más? aliarnos con los productos adecuados.  

Alimenta tu piel:

La piel es el órgano más grande del cuerpo y la alimentación incide directamente en él, debemos evitar dietas basadas en harinas y azúcares refinados, grasas transformadas o alimentos procesados, etc. Algunos alimentos que ayudan a cuidar nuestra piel son aquellos con que contienen cultivos activos vivos como frutos rojos y frutos secos, la verdura de hoja verde, aguacate, zanahorias, etc. Además de ayudar a cuidar la piel, una buena alimentación previene el envejecimiento, las dietas ricas en antioxidantes, vitaminas, proteínas y grasas saludables ayudan a la regeneración celular.

Dale agua:

La hidratación interna basada en la alimentación, se complementa con el uso de aplicaciones de capas de contenido graso a la piel, productos emolientes que ayudan reducir la evaporación de la piel. Hay que saber confeccionar una rutina de uso de productos que nos ayuden tanto a dar hidratación a la piel, como a favorecer su persistencia en el organismo, a la vez que regulamos la grasa.

Prepárala para el solecito:

Conocer y combatir la radiación solar es muy importante. Todos nosotros tenemos un capital solar, esto es, tenemos unas horas de capacidad en las que nuestra piel puede estar expuesta al sol sin sufrir daños. Nuestro capital solar varía por el fototipo y otros factores. Cuando agotamos nuestro capital solar, es más fácil que el ADN de las células de la piel sufra daños que pueden ser irreversibles, convirtiéndose incluso en cancerosas. La observación continuada de manchas o lunares raros es de vital importancia, ya que tendrán que revisarse y que en algunas ocasiones tratarse bien con quimioterapia química tópica o bien mediante extirpación y seguimiento posterior. Este tipo de cánceres son provocados en la mayoría de los casos por exposiciones agudas o daños crónicos ante la exposición solar, muchas veces también acentuados por el tabaco.

 

Hay dos muchos tipos de cáncer de piel, pero quizá el más famoso es el melanoma. Los melanomas se manifiestan habitualmente es una lesión pigmentaria (una mancha). Siempre que aparezca una lesión nueva en la piel es conveniente que sea valorada por un especialista, para descartar sospecha de malignidad. En el caso de ser un pigmentación maligna pigmentaria hay que biopsiarla rápidamente porque el melanoma, es una patología especialmente agresiva y peligrosa.

Sigue El ABCDE de la vigilancia:

Aprende a identificar lesiones sospechosas de malignidad. En medicina para la vigilancia existe la regla del A,B,C,D, E.

A: Asimetrías.

La simetría es signo de benignidad, por lo que una lesión irregular en sus lados, no tiene por qué, pero es sospechosa de malignidad.

B: Bordes.

Un signo benigno es una lesión con bordes definidos, por tanto hay que revisar las lesiones con bordes difuminados y o con ramificaciones.

C: Color.

Cuanto más homogéneo sea el color, mejor. Por ejemplo, si tenemos una lesión que presenta zonas muy claras y zonas muy oscuras profundamente negras o zonas marrones o con ramificaciones de diferentes colores esto es signo de malignidad también.

D: Diámetro.

Esto no hace tanta referencia al tamaño en sí como a un aumento brusco de tamaño. Es decir, que sean estables en el tiempo. Las lesiones pequeñas, normalmente son benignas, (aunque una lesión maligna también puede comenzar siendo pequeña) En general se considera adecuado realizar una revisión cuando las lesiones superan los 6 mm de diámetro para ver su estabilidad clínica en el tiempo o cuando son de nueva aparición su evolución inminente y acompañada de los otros signos.

E: Evolución.

Hay que diferenciar las lesiones basándonos en el tiempo y los cambios que han sufrido. Como una lesión que haya aparecido bruscamente en un adulto y que está cambiando, está creciendo, incluso pueda sangrar.

 

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